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Región

Poza Rica y Álamo siguen esperando: muertos, obras pendientes y familias sin reubicación

Las inundaciones del 10 de octubre de 2025 dejaron muerte, destrucción y miles de damnificados en el norte de Veracruz. Un año después, las promesas de protección hidráulica y reubicación siguen bajo cuestionamiento, mientras habitantes exigen resultados y garantías para no volver a vivir una tragedia similar.

Por Luis Oscar Rodriguez Rassmucent Hace 2 hora(s)
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Por Luis Oscar Rodríguez | PMNoticias

POZA RICA, VERACRUZ.— A un año de las devastadoras inundaciones que golpearon a Poza Rica, Álamo Temapache y otros municipios del norte de Veracruz, el recuerdo de las víctimas sigue acompañado por una pregunta incómoda: ¿qué cambió realmente después de la tragedia?

Las lluvias de octubre de 2025 provocaron inundaciones de gran magnitud, destruyeron viviendas, afectaron comercios y vialidades y dejaron decenas de personas fallecidas. La emergencia exhibió la vulnerabilidad de comunidades asentadas cerca de ríos y arroyos, así como las consecuencias de obras de protección que durante años figuraron entre las necesidades de la región.

Al cumplirse el primer aniversario, el saldo reportado por La Jornada fue de 37 personas fallecidas en las afectaciones del norte de Veracruz. En Poza Rica y Álamo Temapache, la recuperación ha estado marcada por daños materiales, necesidades de reconstrucción y familias que continúan a la espera de soluciones definitivas.

Poza Rica: un muro que sigue en el centro de las preguntas

En Poza Rica, el desbordamiento del río Cazones volvió a colocar en primer plano una obra cuya necesidad estaba identificada desde años antes de la inundación: el muro de contención.

Documentos municipales de 2019 ya advertían sobre la importancia de completar tramos de protección, particularmente en el sector de La Quebradora, en la colonia Morelos. Una investigación publicada por EL PAÍS en octubre de 2025 también documentó antecedentes de gestiones para reanudar los trabajos, sin encontrar registros de contratos para concluirlos durante 2024 y 2025.

Después de la tragedia se anunciaron medidas para fortalecer la protección hidráulica y atender a las familias que viven en zonas vulnerables. Sin embargo, los habitantes han seguido reclamando avances visibles, información sobre los trabajos y garantías frente a nuevas crecidas.

En algunos sectores, vecinos han denunciado que las costaleras de arena continúan siendo parte de sus defensas ante el río. Para quienes perdieron sus pertenencias o vieron sus viviendas inundadas, la temporada de lluvias no es solamente un fenómeno meteorológico: significa volver a vivir con el temor de que el agua entre otra vez a sus hogares.

Álamo Temapache también exige respuestas

En Álamo Temapache, las inundaciones dejaron afectaciones graves en viviendas, caminos, actividades comerciales y comunidades expuestas a las crecidas de los cuerpos de agua.

La reconstrucción de este municipio es parte del balance regional que las autoridades deben presentar al cumplirse un año de la emergencia. No basta con contabilizar apoyos entregados durante los primeros días: también es necesario conocer cuántas viviendas fueron rehabilitadas, cuántas familias recibieron una solución permanente y qué obras se ejecutaron para reducir los riesgos.

Los habitantes de Álamo necesitan información precisa sobre la infraestructura hidráulica comprometida, los recursos asignados, los avances físicos y las fechas de conclusión de cada proyecto.

Poza Rica y Álamo Temapache comparten una exigencia: que la reconstrucción se traduzca en protección real y no quede únicamente en anuncios oficiales.

De un “ligero desbordamiento” a una emergencia devastadora

La dimensión de la tragedia también obliga a revisar las declaraciones y decisiones tomadas antes de que el agua alcanzara las zonas habitadas.

La gobernadora Rocío Nahle García describió inicialmente el comportamiento del río Cazones como un desbordamiento “ligero”, según una publicación de EL PAÍS. Sin embargo, durante la madrugada del 10 de octubre de 2025, el agua invadió amplios sectores de Poza Rica y provocó una emergencia de grandes dimensiones.

Una investigación de N+ Focus reconstruyó la secuencia de las reuniones y alertas previas a la inundación. El medio documentó que durante la noche del 9 de octubre las autoridades no anticipaban un desbordamiento generalizado, pese a que horas después el río se salió de su cauce y alcanzó numerosas colonias.

La diferencia entre las previsiones iniciales y lo que ocurrió después hace necesario esclarecer qué información hidrológica estaba disponible, cómo se evaluó el peligro y qué protocolos se aplicaron para alertar y evacuar a la población.

No se trata únicamente de revisar declaraciones: se trata de establecer si las decisiones de prevención fueron suficientes ante un riesgo que afectaba directamente a miles de personas.

Reubicación: una promesa que necesita fechas y resultados

Otro de los compromisos que requieren una explicación pública es la reubicación de las familias asentadas en zonas de alto riesgo.

En septiembre de 2026, La Jornada reportó que alrededor de 3 mil 500 personas estaban en espera de reubicación, según cifras atribuidas a autoridades estatales y a la Comisión Nacional del Agua.

Detrás de ese número hay familias que necesitan saber dónde vivirán, cuándo podrán trasladarse y qué condiciones tendrán sus nuevas viviendas. Para ellas, la reubicación no es un trámite administrativo: es la posibilidad de dejar atrás el peligro de perderlo todo nuevamente.

Las autoridades deben precisar cuántas familias corresponden a Poza Rica, cuántas a Álamo Temapache y cuántas a otros municipios afectados; cuántos terrenos están disponibles, qué viviendas se han entregado y qué obstáculos impiden concluir el proceso.

Sin un padrón actualizado y fechas verificables, el anuncio de reubicación no ofrece a las familias la certeza que necesitan.

Un año después, las cuentas pendientes

El aniversario de las inundaciones no puede reducirse a ceremonias conmemorativas, balances de apoyos ni declaraciones sobre la recuperación.

En Poza Rica y Álamo Temapache siguen siendo indispensables respuestas documentadas sobre cinco puntos:

  • Obras hidráulicas: qué proyectos se anunciaron, cuáles comenzaron, cuánto dinero se ha ejercido y qué porcentaje de avance físico tiene cada uno.
  • Reubicación: cuántas familias continúan esperando, cuáles ya recibieron vivienda y cuándo concluirá el programa.
  • Prevención: qué cambios se hicieron en los sistemas de alerta, evacuación y monitoreo de los ríos.
  • Reconstrucción: cuántas viviendas, escuelas, caminos y espacios públicos fueron rehabilitados.
  • Transparencia: qué dependencias son responsables de cada compromiso y dónde puede consultar la ciudadanía los contratos, presupuestos y avances.

Las inundaciones de octubre de 2025 dejaron una huella profunda en el norte de Veracruz. Un año después, el verdadero balance no debe medirse solamente por el dinero anunciado o los apoyos distribuidos durante la emergencia, sino por las vidas protegidas, las viviendas recuperadas y las obras que efectivamente reducen el riesgo.

En Poza Rica y Álamo Temapache, las familias no necesitan nuevas promesas: necesitan saber qué se hizo, qué falta y cuándo estarán protegidas.

La tragedia ocurrió hace un año. La obligación de rendir cuentas sigue vigente.

PMNoticias | Luis Oscar Rodríguez

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